Los colores de la montaña: una infancia marcada por la guerra

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Este viernes se estrena en los cines españoles “Los colores de la montaña”, segundo largometraje del director colombiano Carlos César Arbeláez. La película se estrenó el pasado 12 de marzo en su país, cosechando un rotundo éxito de crítica y taquilla. Ha recorrido más de 15 festivales de cine y ya se ha vendido en más de 12 países, ganando, entre otros, el Premio del Público en el 51º Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias. Precedida de un gran triunfo internacional, llega a España como uno de los estrenos más prometedores de junio.

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La historia se centra en Manuel (Hernán Mauricio Ocampo), de 9 años, y sus amigos Julián (Nolberto Sánchez) y Poca Luz (Genaro Aristizábal), tres niños que viven en los campos de Antioquia con sus familias. Manuel sueña con convertirse en portero de fútbol profesional, y para ello practica todos los días con el balón que le regaló su padre. Durante un partido, el balón cae en un campo minado, pero Manuel decide no renunciar a su sueño y convence a sus amigos para que le ayuden a recuperarlo por todos los medios, a pesar del peligro que esto supone. Al mismo tiempo, la película muestra también las complicadas vidas de los padres de estos niños, que tienen que enfrentarse a las bandas de asesinos que asedian la zona donde viven y a los desplazamientos forzados.

Contar la cruda realidad de un país en guerra u otro tipo de conflictos a través de la mirada de un niño es un recurso muy habitual en el cine; dos ejemplos son “La vida es bella” (1997) y “La lengua de las mariposas” (1999). En el caso de “Los colores de la montaña”, el director confiesa que la perspectiva de los niños era clave para la cinta, y que, de otro modo, “nunca habría contado esta historia”. El punto de vista de los niños permite crear dos mundos totalmente opuestos: el de la inocencia y el de la barbarie. Carlos César Arbeláez combina ambos de tal forma que consigue un film duro y comprometido, en el que la violencia y el peligro son amenazas constantes, pero al mismo tiempo hace disfrutar al espectador con momentos de humor y ternura, creando una historia dramática pero enternecedora.

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La película habla del conflicto colombiano de una forma muy sutil, evitando el sensacionalismo y la violencia explícita. “Me esforcé mucho para que ni guerrilleros ni paramilitares fueran protagonistas de mi película. Quería que los que sobresalieran fueran esos niños y la población civil”, afirma el director. Sin quitar importancia a la gravedad del asunto, la crueldad está presente en la película mediante diálogos, sonidos lejanos de helicópteros y balas, y letreros en las paredes, pero con una total ausencia de escenas bélicas. Destaca la tensión y el suspense de las secuencias en las que los niños tratan de rescatar el balón del terreno repleto de minas antipersona. De esta forma, la dura realidad va imponiéndose poco a poco en la vida de los protagonistas, que tratan de evadirse mediante juegos.

Carlos César Arbeláez gestó la idea de hacer esta película durante 9 años. Han hecho falta diecisiete versiones del guión para que finalmente fuera posible su rodaje en 2009, en apenas cuatro semanas y con un presupuesto muy limitado. El proyecto inicial del director era un cortometraje llamado “Detrás de la montaña”, sobre un niño que quería saber qué había detrás de una montaña, pero “la realidad del país se me fue metiendo”, en palabras de Arbeláez, y la historia desembocó en un largometraje ambientado en la vida de los campesinos de las montañas de Antioquia.



Ganadora de varios premios y con un gran éxito tanto de crítica como de público, “Los colores de la montaña” no es una historia sobre la guerra ni los desplazamientos forzados de Colombia, sino un relato sobre la amistad y la complicada vida cotidiana de los campesinos del país, tal y como explica el director: “Quería retratar esa cotidianidad del campo para que la gente viera y sintiera qué es lo que está perdiendo esta gente cuando sale de sus tierras”. Con hermosos paisajes y personajes entrañables, el film nos habla de una dura realidad a la que Colombia tiene que enfrentarse cada día.

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